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Bonsái de Acero: Guía Completa para el Cuidado Específico para un Crecimiento Exuberante

Bonsái de Acero: Guía Completa para el Cuidado Específico para un Crecimiento Exuberante

El bonsái de arce es una de las especies más fascinantes y apreciadas por su belleza y los espectaculares colores que adquiere en otoño. Sin embargo, sus cuidados requieren atención y conocimientos específicos para garantizar un crecimiento sano y vigoroso. Esta guía completa, fruto de la experiencia de los Giardini di Giulia, te acompañará paso a paso por todos los aspectos fundamentales para cuidar tu bonsái de arce, desde el riego adecuado hasta la poda de formación, pasando por la gestión de enfermedades y la protección durante el invierno.

Introducción a los cuidados del bonsái de arce: un compromiso gratificante

El bonsái de arce, en particular las variedades como el arce japonés (Acer palmatum), es una elección popular entre los aficionados al bonsái por su elegancia y su capacidad de transformarse con las estaciones. Aunque sus cuidados puedan parecer exigentes, en realidad son una actividad gratificante que permite conectar profundamente con la naturaleza. En los Giardini di Giulia, viveristas de tercera generación, conocemos las necesidades del arce y en esta guía recopilamos las indicaciones para mantenerlo sano y realzar su belleza. El cuidado del bonsái de arce no es solo un conjunto de técnicas, sino todo un arte que requiere observación, paciencia y dedicación. Cada árbol es un ser vivo único, y comprender sus necesidades específicas es el primer paso hacia un éxito duradero. Un bonsái bien cuidado no solo embellece el entorno, sino que también se convierte en un símbolo de armonía y resiliencia. En esta guía, exploraremos en detalle todos los aspectos de sus cuidados y ofreceremos consejos prácticos basados en nuestra amplia experiencia para ayudarte a que tu magnífico bonsái de arce prospere. En la colección de bonsáis de interior encontrarás las propuestas actuales.

Manos que colocan un bonsái de arce a la sombra para protegerlo del sol de verano
Manos que colocan un bonsái de arce a la sombra para protegerlo del sol de verano

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Ubicación ideal y protección ambiental para tu bonsái de arce

El bonsái de arce debe cultivarse en el exterior, donde reciba luz solar directa y experimente las variaciones estacionales necesarias para la dormancia invernal. En primavera y otoño agradece varias horas de sol; en verano debe protegerse durante las horas centrales, con sol de la mañana y del final de la tarde, buena ventilación y protección frente al viento fuerte.

La ubicación correcta es fundamental para la salud y vitalidad de tu bonsái de arce. Esta especie, originaria de las regiones templadas, prefiere un entorno exterior, donde puede beneficiarse de la luz solar directa y de las variaciones estacionales. Un error común es intentar cuidar un bonsái de arce en interiores, especialmente en el caso de las variedades caducifolias como el Acer palmatum. Estos árboles necesitan un periodo de reposo invernal, la llamada dormancia, que no puede producirse en un ambiente interior climatizado. La luz solar es esencial para la fotosíntesis y para el desarrollo de los magníficos colores otoñales que hacen que el arce sea tan especial. Durante la primavera y el otoño, el bonsái de arce debería recibir varias horas de sol directo al día. Sin embargo, en verano, especialmente en las regiones más cálidas, es crucial protegerlo del sol abrasador del mediodía. La exposición prolongada a temperaturas elevadas y a intensos rayos UV puede causar quemaduras en las hojas, deshidratación y estrés en la planta. Por eso te recomendamos colocar el bonsái de arce en una zona donde reciba el sol de la mañana y de última hora de la tarde, pero esté protegido durante las horas más calurosas, quizá bajo la sombra de un árbol más grande o con la ayuda de una malla de sombreo. La circulación del aire es igualmente importante para prevenir la acumulación de humedad que favorece la aparición de hongos y enfermedades. Asegúrate de que tu bonsái no esté expuesto a corrientes de aire excesivas y constantes, que pueden secar rápidamente la tierra y las hojas, pero que disfrute de una ventilación natural. Durante los periodos de viento fuerte, es recomendable trasladarlo a una ubicación más protegida para evitar daños mecánicos en las ramas finas. La humedad ambiental también desempeña un papel importante: los arces agradecen una humedad moderada. En ambientes especialmente secos, como los típicos de algunas zonas interiores o durante veranos muy calurosos, puede ser útil colocar la maceta sobre una bandeja con grava y agua, procurando que el fondo de la maceta no quede sumergido directamente en el agua, para aumentar la humedad alrededor de la planta mediante la evaporación. Recuerda que cada bonsái es un pequeño ecosistema y su bienestar depende del equilibrio del entorno. Observar atentamente tu arce te permitirá saber si la ubicación elegida es la adecuada o si necesita ajustes. Nuestra experiencia nos ha enseñado que la flexibilidad y la adaptación a las condiciones climáticas locales son claves para el éxito en el cuidado de estas maravillosas plantas. Para profundizar aún más en las particularidades y la belleza de esta especie, puedes leer nuestro artículo dedicado: Bonsái de arce: el rey de los colores otoñales.

Riego delicado de un bonsái de arce con una regadera, gotas de agua sobre las hojas
Riego delicado de un bonsái de arce con una regadera, gotas de agua sobre las hojas

La importancia crucial del riego del bonsái de arce

El riego del bonsái de arce es quizás el aspecto más delicado y crucial de sus cuidados. Un riego incorrecto es la causa principal de muchos problemas, desde la deshidratación hasta las enfermedades fúngicas. Los arces, en general, prefieren un sustrato constantemente húmedo, pero nunca empapado. Este equilibrio es fundamental para la salud de las raíces, que son muy sensibles tanto a la sequía como al exceso de agua. La frecuencia del riego depende de numerosos factores: la estación, la temperatura, la humedad ambiental, el tipo de sustrato, el tamaño de la maceta e incluso el tamaño del propio bonsái. Durante los meses más cálidos y secos, en primavera y verano, tu bonsái de arce puede necesitar riego incluso una o dos veces al día. En otoño e invierno, cuando la planta entra en reposo y las temperaturas son más bajas, sus necesidades de agua disminuyen drásticamente. El mejor método para saber cuándo regar es comprobar la humedad del sustrato. Te recomendamos tocar la tierra con un dedo: si los primeros dos centímetros de sustrato están secos, es el momento de regar. Otro indicador es el peso de la maceta: una maceta ligera indica que la tierra está seca. Cuando riegues, hazlo abundantemente, hasta que el agua salga por los orificios de drenaje de la maceta. Esto garantiza que todo el cepellón quede bien hidratado y que el exceso de sales minerales se elimine. Utiliza una regadera con una boquilla fina para evitar erosionar el sustrato y dañar las raíces superficiales. Es preferible regar a primera hora de la mañana o al final de la tarde, evitando las horas más calurosas del día para minimizar la evaporación y el choque térmico. El agua de lluvia es ideal, ya que no contiene cloro ni cal, pero si no está disponible, el agua del grifo dejada reposar durante unas horas puede servir. Un problema común es el bonsái de arce palmatum deshidratado. Esto se manifiesta en hojas que parecen marchitas, secas o que se enrollan. A menudo es el resultado de un riego insuficiente o de una exposición excesiva al sol. Si notas estos síntomas, sumerge toda la maceta en un recipiente con agua durante unos 15-20 minutos, hasta que dejen de salir burbujas de aire. Esto rehidratará completamente el sustrato. Después, asegúrate de vigilar atentamente el riego y de proteger la planta del exceso de sol. Por el contrario, un riego excesivo puede provocar la pudrición de las raíces, con hojas amarillentas y caídas. En este caso, es esencial dejar que la tierra se seque bien entre un riego y otro y, si el problema persiste, puede ser necesario trasplantar la planta para sustituir el sustrato afectado. La clave es la observación constante y la adaptación a las necesidades específicas de tu árbol y a las condiciones ambientales.

Aplicación de abono sólido de liberación lenta sobre el sustrato de un bonsái de arce
Aplicación de abono sólido de liberación lenta sobre el sustrato de un bonsái de arce

Fertilización del bonsái de arce: nutrir para crecer

La fertilización del bonsái de arce es un aspecto vital de sus cuidados, ya que en una maceta las reservas de nutrientes son limitadas y la planta las agota rápidamente. Proporcionar el aporte adecuado de nutrientes es esencial para un crecimiento vigoroso, el desarrollo de un follaje sano y la formación de los característicos colores otoñales. Los arces requieren una fertilización regular durante la temporada de crecimiento, que va de la primavera al otoño. Durante este período, la planta está activa, produce nuevas hojas y ramas, y necesita energía adicional. Nuestros viveristas recomiendan utilizar un fertilizante equilibrado, con una proporción NPK (Nitrógeno, Fósforo, Potasio) equilibrada, o ligeramente más rico en nitrógeno en primavera para favorecer el crecimiento vegetativo, y después un fertilizante con más fósforo y potasio en verano y otoño para fortalecer la planta y mejorar la coloración de las hojas. Existen varios tipos de fertilizantes adecuados para bonsáis: fertilizantes líquidos y fertilizantes sólidos de liberación lenta. Los fertilizantes líquidos se diluyen en agua y se aplican durante el riego, proporcionando un aporte inmediato de nutrientes, pero requieren aplicaciones más frecuentes (cada 10-15 días). Los fertilizantes sólidos de liberación lenta, en cambio, se colocan sobre la superficie del sustrato y liberan los nutrientes gradualmente con el tiempo (cada 1-2 meses), reduciendo la frecuencia de las aplicaciones. Es fundamental seguir atentamente las instrucciones del fabricante sobre las dosis, ya que un exceso de fertilizante puede ser más perjudicial que una carencia, provocando quemaduras en las raíces y estrés en la planta. Siempre es mejor quedarse ligeramente corto con la dosis que excederse. Recuerda no fertilizar nunca un bonsái enfermo o recién trasplantado, ya que sus raíces serían demasiado débiles para absorber los nutrientes y podrían sufrir daños. Espera al menos un mes después del trasplante antes de reanudar la fertilización. Incluso durante el período de latencia invernal, debe suspenderse la fertilización, ya que la planta no puede absorber los nutrientes y estos podrían acumularse en el suelo y volverse tóxicos. Un buen programa de fertilización, combinado con un sustrato adecuado, es la clave para mantener tu bonsái de arce fuerte y saludable, listo para mostrar toda su belleza en cada estación. Para quienes desean un bonsái de arce ya formado y cuidado por nuestros expertos, ofrecemos varias opciones, como nuestro Bonsái Acer Palmatum 7 Años - Colección Premium o el Bonsái Acer Palmatum 13 Años - Colección Premium, perfectos para comenzar tu colección con un ejemplar de calidad.

Bonsái de arce recién trasplantado, con las raíces podadas y un sustrato nuevo en una maceta de cerámica
Bonsái de arce recién trasplantado, con las raíces podadas y un sustrato nuevo en una maceta de cerámica

Trasplante del bonsái de arce: cuándo y cómo hacerlo

El bonsái de arce se trasplanta a finales del invierno o a principios de la primavera, antes de que se hinchen las yemas: cada 1-2 años los ejemplares jóvenes y cada 3-5 años los maduros. Se deshace el cepellón, se poda un tercio de las raíces más gruesas y se utiliza un sustrato drenante; después, se mantiene la planta protegida durante 2-4 semanas.

El trasplante del bonsái de arce es una operación indispensable para su salud a largo plazo. En una maceta, el espacio para las raíces es limitado y, con el tiempo, el sustrato se compacta, perdiendo su capacidad de drenar y retener los nutrientes de forma eficaz. El trasplante sirve para renovar el sustrato, podar las raíces para estimular un crecimiento sano y proporcionar espacio nuevo para la expansión radicular. El período ideal para trasplantar el bonsái de arce es el final del invierno o el inicio de la primavera, justo antes de que las yemas comiencen a hincharse y la planta reanude su actividad vegetativa. Este momento es crucial porque la planta aún conserva las reservas energéticas acumuladas durante el invierno y puede recuperarse más fácilmente del estrés del trasplante. La frecuencia del trasplante depende de la edad y el vigor del bonsái. Los ejemplares jóvenes, que crecen más rápidamente, pueden necesitar un trasplante cada 1-2 años. Los arces más maduros, en cambio, pueden trasplantarse cada 3-5 años. Entre los signos que indican la necesidad de un trasplante se incluyen: raíces que sobresalen por los orificios de drenaje, agua que penetra con dificultad en el sustrato o, por el contrario, que drena demasiado rápido sin ser absorbida, y un crecimiento débil a pesar de una fertilización y un riego adecuados. Para el sustrato ideal para bonsái de arce, recomendamos una mezcla con buen drenaje, pero capaz de retener una buena cantidad de humedad. Una combinación clásica es 1/3 de Akadama, 1/3 de piedra pómez y 1/3 de roca volcánica, o una mezcla similar con porcentajes ligeramente variables según el clima local y las necesidades específicas de la planta. La Akadama es una arcilla granular japonesa que retiene agua y nutrientes y los libera gradualmente; la piedra pómez y la roca volcánica garantizan un excelente drenaje y aireación. Evita los sustratos universales demasiado finos y compactos. Durante el trasplante, extrae cuidadosamente el bonsái de la maceta. Con un rastrillo para bonsái o un palillo, afloja el cepellón, retirando el sustrato viejo y las raíces muertas o podridas. Poda aproximadamente un tercio de las raíces más gruesas y largas, dejando intactas las raíces más finas y capilares, que son las que absorben el agua y los nutrientes. Coloca una malla sobre los orificios de drenaje de la maceta nueva (o de la misma maceta, una vez limpia) para evitar que se salga el sustrato y, después, añade una capa de sustrato fresco. Coloca el bonsái, asegurándote de que quede centrado y a la altura deseada, y llena la maceta con el nuevo sustrato, haciéndolo penetrar bien entre las raíces con ayuda de un palillo. Por último, riega abundantemente para asentar el sustrato. Después del trasplante, coloca el bonsái en un área protegida del viento y del sol directo durante unas 2-4 semanas y no lo fertilices durante al menos un mes. Esta fase de recuperación es tan importante como la propia operación para garantizar el éxito. Un magnífico ejemplo de arce que requiere estos cuidados es el Bonsái Acer Palmatum Atropurpureum 20 Años - Colección Premium, un ejemplar que, con los cuidados adecuados, seguirá cautivando durante décadas.

Poda del bonsái de arce: forma y salud

La poda del bonsái de arce es un arte que combina la estética y las necesidades fisiológicas, esencial para mantener la forma deseada, favorecer la ramificación fina y garantizar la salud general de la planta. Existen principalmente dos tipos de poda: la poda de mantenimiento y la poda de formación. La poda de mantenimiento se realiza con regularidad durante la temporada de crecimiento para mantener la silueta del bonsái y estimular el crecimiento de ramas más pequeñas y densas. Esta incluye el pinzado (eliminación de las nuevas yemas o de las puntas de los brotes con los dedos) y la defoliación parcial o total (eliminación de algunas o todas las hojas para reducir el tamaño del follaje y estimular una segunda brotación con hojas más pequeñas). La poda de formación, en cambio, es una intervención más drástica cuyo objetivo es definir la estructura principal del árbol, eliminando ramas no deseadas, cruzadas, demasiado vigorosas o mal ubicadas. Esta suele realizarse durante el periodo de reposo, en invierno, cuando el árbol no tiene hojas y su estructura es más visible, o al comienzo de la primavera, antes de que empiece el nuevo crecimiento.

Gestión de las enfermedades y las plagas del bonsái de arce

En el bonsái de arce, la mayoría de los problemas surgen por errores de cultivo: el exceso de agua provoca la pudrición de las raíces, la humedad estancada y la escasa ventilación favorecen los hongos, y la falta de agua y el sol intenso secan las hojas. La prevención se basa en un riego adecuado, un sustrato con buen drenaje, una buena aireación y controles periódicos.

Una planta cuidada con constancia también es la más resistente: una fertilización equilibrada la fortalece, mientras que un ejemplar debilitado por la falta de agua, el encharcamiento o el exceso de sol se vuelve más vulnerable. Por eso conviene observar con frecuencia las hojas, las ramas y el sustrato, e intervenir ante las primeras señales.

Síntomas más comunes del bonsái de arce: posible causa y qué hacer
Síntoma Posible causa Qué hacer
Hojas marchitas, secas o rizadas Riego insuficiente o exposición excesiva al sol Sumergir la maceta en agua durante 15-20 minutos, hasta que dejen de salir burbujas de aire; después, proteger la planta durante las horas más calurosas.
Hojas amarillentas y caídas Exceso de agua e inicio de pudrición de las raíces Dejar que el sustrato se seque bien entre un riego y otro; si el problema persiste, trasplantar sustituyendo el sustrato deteriorado.
Quemaduras en las hojas en verano Sol intenso del mediodía y temperaturas elevadas Trasladar el bonsái a un lugar donde reciba el sol de la mañana y del final de la tarde, a la sombra de un árbol o bajo una malla de sombreo.
Hojas o ramas enfermas, signos de plagas Ataque fúngico (raro) o plagas Retirar de inmediato las partes afectadas para evitar la propagación y mejorar la ventilación alrededor de la planta.
Crecimiento débil a pesar de un riego y un abonado adecuados Sustrato compactado, raíces sin espacio Programar el trasplante a finales del invierno o a principios de la primavera.

Las reglas de prevención son las mismas que hacen que el árbol crezca frondoso:

  • regar solo cuando los primeros dos centímetros del sustrato estén secos, hasta que el agua salga por los orificios de drenaje;
  • utilizar un sustrato drenante, como la mezcla de akadama, piedra pómez y lapilli volcánico, y evitar los sustratos universales, que se compactan;
  • garantizar una ventilación natural, sin corrientes de aire fuertes y constantes;
  • evitar el exceso de humedad y las temperaturas extremas;
  • no abonar nunca un bonsái enfermo o recién trasplantado y no excederse con las dosis, ya que pueden quemar las raíces;
  • inspeccionar regularmente las hojas y las ramas para detectar pronto plagas o enfermedades.

Cuidados invernales y protección contra el frío

En invierno, el bonsái de arce permanece en el exterior porque necesita el frío para la dormancia, pero debe protegerse de las heladas intensas: en las zonas con inviernos rigurosos se resguarda en un invernadero frío, un garaje sin calefacción o bajo un cobertizo, aislando la maceta para que las raíces no se congelen.

El error más común es meterlo en casa: en un ambiente con calefacción, el arce no logra entrar en el reposo invernal que necesita. Por lo tanto, el frío, dentro de ciertos límites, es un aliado; el verdadero peligro son las heladas que alcanzan las raíces, mucho más expuestas en una maceta pequeña que plantadas directamente en el suelo.

  • Proteger las raíces: enterrar parcialmente la maceta en el suelo o envolverla con materiales aislantes, como yute o plástico de burbujas.
  • Reducir el riego: regar cuando la capa superficial del sustrato esté seca, sin dejar que se seque por completo, y cuando las temperaturas estén por encima de cero.
  • Suspender el abono: durante la dormancia, la planta no absorbe los nutrientes, que se acumularían en el sustrato.
  • Aprovechar las ramas desnudas: sin hojas, la estructura se ve claramente y es el momento adecuado para la poda de formación.
  • Preparar la brotación: a finales del invierno, antes de que las yemas se hinchen, es el momento ideal para trasplantar.

Consejos prácticos para un bonsái de arce frondoso

Un bonsái de arce frondoso nace más de la constancia que de intervenciones extraordinarias: una ubicación exterior luminosa pero protegida del sol estival del mediodía, un riego ajustado al sustrato, abono de primavera a otoño, trasplantes y podas en los periodos adecuados, y observación continua de la planta, adaptando los cuidados al clima local.

Para orientarte durante el año, aquí tienes los principales cuidados estación por estación, resumidos de esta guía.

Cuidados del bonsái de arce estación por estación
Estación Ubicación y agua Abono y tareas
Primavera Varias horas de sol directo; riegos más frecuentes a medida que aumenten las temperaturas. Trasplanta antes de que se hinchen las yemas; abona con algo más de nitrógeno para favorecer el crecimiento; pinza los nuevos brotes.
Verano Sol de la mañana y del final de la tarde, sombra durante las horas centrales; también uno o dos riegos al día. Abono más rico en fósforo y potasio; poda de mantenimiento y posible defoliación.
Otoño Varias horas de sol para los colores otoñales; reduce los riegos cuando refresque. Abono con fósforo y potasio hasta la llegada de la dormancia.
Invierno En el exterior, protegido de las heladas intensas; riega cuando la capa superficial del sustrato esté seca, sin dejar que se seque por completo, y con temperaturas por encima de cero. Nada de abono; poda de formación en las ramas desnudas.
  • Comprueba el sustrato con un dedo antes de cada riego y utiliza, si puedes, agua de lluvia o agua del grifo dejada reposar.
  • Riega a primera hora de la mañana o al final de la tarde, con una regadera de boquilla fina.
  • Durante los veranos secos, coloca la maceta sobre una bandeja con grava y agua, sin que el fondo quede sumergido.
  • Sigue las dosis del fabricante para el abono: es mejor quedarse corto que excederse.
  • Después del trasplante, mantén el bonsái protegido del viento y del sol directo durante 2-4 semanas y espera al menos un mes antes de abonarlo.
  • Observa a menudo tu arce: las hojas son la primera señal de sed, exceso de agua o demasiado sol.

Preguntas frecuentes

¿Con qué frecuencia debo regar mi bonsái de arce?

La frecuencia de riego del bonsái de arce varía según la estación, la temperatura, la humedad y el tipo de sustrato. Durante la primavera y el verano, puede ser necesario regarlo incluso una o dos veces al día. En otoño e invierno, las necesidades de agua disminuyen. El mejor método es comprobar la humedad del sustrato con el dedo: si los primeros dos centímetros están secos, es hora de regar abundantemente hasta que el agua salga por los orificios de drenaje. Se recomienda regar a primera hora de la mañana o al final de la tarde.

¿Cuál es el mejor sustrato para el bonsái de arce?

Para el bonsái de arce, el sustrato ideal debe drenar bien, pero ser capaz de retener la humedad. Recomendamos una mezcla de 1/3 de Akadama, 1/3 de piedra pómez y 1/3 de lava volcánica. La Akadama aporta nutrientes y agua, mientras que la piedra pómez y la lava garantizan el drenaje y la aireación. Es fundamental evitar los sustratos universales, que tienden a compactarse y a retener demasiada agua, lo que provoca la pudrición de las raíces.

¿Cuándo es el momento adecuado para trasplantar el bonsái de arce?

El momento ideal para trasplantar el bonsái de arce es a finales del invierno o principios de la primavera, antes de que las yemas comiencen a hincharse. Los ejemplares jóvenes necesitan un trasplante cada 1-2 años, mientras que los más maduros cada 3-5 años. Entre los signos que indican que es necesario trasplantar se incluyen raíces que salen por los orificios de drenaje, dificultades para drenar el agua o un crecimiento débil. Después del trasplante, coloca el bonsái en un lugar protegido durante 2-4 semanas y no lo abones durante un mes.

¿Qué hacer si se secan las hojas de mi bonsái de arce?

Si las hojas de tu bonsái de arce se secan, podría ser señal de deshidratación o de una exposición excesiva al sol. Comprueba la humedad del sustrato; si está seco, sumerge toda la maceta en agua durante 15-20 minutos. Asegúrate de que el bonsái esté protegido del sol directo durante las horas más calurosas, especialmente en verano. Las hojas secas también pueden indicar un riego insuficiente o, en raras ocasiones, una infección fúngica. Vigila atentamente las condiciones ambientales y los cuidados.

¿Cómo proteger el bonsái de arce durante el invierno?

El bonsái de arce necesita el frío invernal para entrar en letargo, pero debe protegerse de las heladas intensas. Si vives en una zona con inviernos rigurosos, coloca el bonsái en un lugar protegido, como un invernadero frío, un garaje sin calefacción o bajo un cobertizo. También puedes enterrar parcialmente la maceta en el suelo o envolverla con materiales aislantes, como arpillera o plástico de burbujas. Lo importante es que las raíces no se congelen. Reduce drásticamente el riego, proporcionando agua cuando la capa superficial del sustrato esté seca, sin dejar que se seque por completo, y cuando las temperaturas estén por encima de cero.

¿Cómo puedo prevenir las enfermedades en mi bonsái de arce?

La prevención de enfermedades en el bonsái de arce se basa en unos cuidados adecuados y un entorno óptimo. Asegúrate de proporcionar un riego correcto, un buen drenaje, un sustrato sano y una ventilación adecuada. Evita el exceso de humedad y las temperaturas extremas. Inspecciona regularmente tu bonsái para detectar a tiempo signos de plagas o enfermedades. Un abonado equilibrado fortalece la planta y la hace más resistente. Conviene retirar rápidamente las hojas o ramas enfermas para evitar que se propaguen.